LOS QUE HABLAN.

 

Las voces del más allá

(LOS QUE HABLAN)

 

Una mudanza más, al parecer la séptima en menos de dos años. Esperemos que todo salga mejor en ésta ocasión.

Desconozco el motivo por el cual me esté yendo tan mal en mi regreso a ésta ciudad de aquel pueblo donde todo era prometedor y las nuevas experiencias me hacían sentir una frescura agradable después de la muerte de mi padre.

En ésta casa yo conozco a alguien. Me comentaron que vive en otro apartado solo la mujer arrendadora y su hija, la conozco, pero han pasado tantas cosas en mi vida después de 5 años que no la recuerdo, no sé quién es.

Firmando el contrato para habitar la casa, sentado en un sillón frente a un piano y un estuche de violín, en esa casa inerte y callada miro una fotografía de esa chica pero mi mente inmersa en miles de cosas no logra recordarla, no me es de mucho interés al momento pues no se encuentra presente, tengo la curiosidad de verla en persona pues por mucho tiempo, después de vivir una vida verdaderamente mundana, he deseado conocer a una mujer con quien relacionarme de verdad y desarrollar una familia.

Sentado en una mecedora ya con los muebles en casa medianamente acomodados, mi mente solo se ocupa en escuchar sus propios pensamientos diciendo – ¿qué nueva sorpresita me traerá esta experiencia?

La casa callada y sospechosa me quiere conocer y se limita a su silencio, después de tantos mudanzas en el mismo barrio es para mi casi un pesar organizar las cosas.

Por la noche, barriendo el polvo del patio de la casa y platicando un poco con la señora arrendadora miro por las escaleras que dan hacia su apartado a la dichosa jovencita que ha ocupado mi curiosidad por varias horas, -ahora la recuerdo- sé que en tiempos libres de estudio venía a un local que tiene la casa en una esquina con el pretexto de comprar comida para verla y sí, satisfacer mi antojo con guisados que ella preparaba, valla que era un deleite, me gustaba. La joven, al hacerse presente, con su luz brillante iluminó mi vida y me dio esperanza pero eran tantas las decepciones y rencores ya que una oscuridad opacó esa luz y no pude actuar a partir de ese momento.

Una pesadez tan grande invadió mi cuerpo que a pesar de desear unirme a esa mujer me inmovilicé, dejé actuara ella por su propio medio sin poderla ayudar y así avanzar en una nueva relación que tanto tiempo había buscado.

Los días pasaban fríos y aburridos, llenos de nostalgia y ansiedad esperando poder volver a encontrarme con esa jovencita y comenzar una nueva historia.

Las puertas de esa casa se fueron cerrando con llaves de castigo impidiéndome acercarme a ella, alejándome de ella. Llenándome la vida de soledad.

Olvidando la situación dediqué tiempo a la rebeldía que me había llevado a la visita de las siete casas y comencé de nuevo a experimentar con agentes psicotrópicos aventurándome en una exploración interna. Pasando el tiempo con música y luces rojas y azules, creando esculturas místicas, dibujos y figuras de alambre calmaba mi sed de vivir mis sueños y la ansiedad.

Un día calmado por la tarde, como de costumbre, en esa casa callada y solitaria, en días nubladlos de la ciudad, sentado en un sillón mirando la televisión, con el ánimo cabizbajo escuché una voz, un saludo que se dirigía a mi:

-Hola Luis

Claramente recuerdo ese instante donde todo comenzó.

-Quién, de qué forma y conque motivo se dirigía a mi.

Sin darle importancia seguí mi rutina. Al poco tiempo comencé a escucharla más frecuentemente, una voz dulce que pareciera corresponder a una chica de mediana estatura y robusta que se entrometía en mis acciones. Sin darle mucha importancia ignoraba esa retórica que pretendía adueñarse de mi atención. Pretendía ser un espíritu noble, puro y cariñoso. Lógicamente no le iba a creer, menos a seguir sus instrucciones ni moldear mi forma de ser. Por el simple hecho de ser un muchacho incorregible ignoré su presencia, aunque me molestaba, no lo niego.

Aún no comprendía de qué forma o quién se comunicaba conmigo cuando en el proceso, en no más de una semana apareció otra voz.

Ésta voz provenía de un ente masculino joven, de carácter vulgar y mundano. Su intención para con mis actos era hacerme caer en situaciones banales y sin sentido, haciéndome pensar que la vida es un riego y si no se toma se pierde, jugándosela. Yo sabía aun que aunque el que no arriesga no gana, se pierde de todas formas, así, si mi parecer era o no arriesgar, no lo tomaba en cuenta.

De pronto, caí en cuenta que las dos voces sobrenaturales, voces del más allá, los que hablan, estaban invadiendo cada vez más mis pensamientos, perturbándolos, intentando moldearlos, manipularlos, en ese momento descartaba ya cualquier posibilidad lógica.

A cualquier lugar al que me movía me seguían, me observaban. Vigilantes de mí actuar me corregían o me intimidaban. Carcomían mi atención provocando un trance hipnótico que de otra forma, a no ser por mí fortaleza mental, desarrollada por años de experiencia, habría caído en algún desliz con sus trampas, siempre me mantuve firme.

Intentaba descifrar la fuente desesperado ya, buscando resquicios donde pudieran filtrarse esas voces macabras, sospechando de cualquier tecnología o medio, de cualquier sujeto. Todo era inútil, hasta en espacios libres, fuera de la casa esa, casa que escondía algo o pretendía guardar un secreto eterno, gritando su propia maldición, maldición que me seguía.

A esas alturas de la situación maldita mi embrujo era evidente, progresaba a cada instante, penetrando mi consciencia y mi tranquilidad sin poder protegerme, sin poderlos detener. Me debilitaba cada vez más. Sus amenazas de todo poder me hacían temer lo venidero sin yo conocer lo verdadero o falso de ellas. Jamás perdí la esperanza de deshacerme de ellos, de derrotarlos y tenerlos a mis pies, era ya una guerra. Mi mentalidad era pura, sin ningún vicio, a como la había forjado la sociedad y la vida en mi entorno; quebrantable ante cualquier juicio o prejuicio de ese par de voces del más allá, de esos que hablan pero que nunca actúan, pero que de alguna forma tenían poder sobre mi futuro. Yo lo desconocía todo.

Situaciones extrañas comenzaron a ocurrir, visiones e imágenes paranormales y sugestión eran la batalla de todos los días, pero yo sabía a ciencia cierta que la guerra no se gana sin pelear, y yo les peleaba, actuando a mi parecer, como se me daba la gana, podrían ellos adueñarse de mi mente pero ellos no tenían espacio, con el cual yo tan pequeño resguardaba mis pocas energías y recargaba saliendo al campo de batalla nuevamente. Victorioso.

La amargura era evidente ya, no podía creer que existiera tal poder sobre un ser humano, eso me entristecía y me ataba a una batalla que quería seguir peleando, para probarme que podía quitarles el control de mi consciencia e inconsciencia y así, callar esas voces, derrotarlos.

Las noches eran oscuras y con angustia, no podía conciliar el sueño sin que las voces del más allá me atormentaran, interrumpieran mis pensamientos y diera vuelta mi cabeza. No podía despertar una sola madrugada sin un gesto diabólico y llanto en mis ojos, abandonando sueños divinos sabiendo que “los que hablan” estaban ahí, y yo aquí sometido. Mi decisión estaba echada y no la abandonaría, saldría de esto, de esto de que se dice que uno nunca sale. Probaría lo contrario.

El destino estaba escrito y por sus azares me invito a viajar lejos de casa, lejos de las personas que yo quería y de mi anhelo.

No pasó mucho tiempo desde aquel momento crítico cuando una tercera voz se unió a la perfidia. Ésta voz interpretaba un ser divino, magnífico, único y todopoderoso. Pretendía llevarme por la senda del camino limpio, sin pecado ni culpa. No podía yo actuar de esa forma sabiendo que soy un ser humano, y que ningún ser humano es perfecto y así, le voltee la cara.

Con la enajenación que ese trastorno del cual estaba siendo objeto por parte de esas voces, mi mente comenzó  a delirar y aparecían figuras paranormales en cualquier mancha las cuales registré en mi teléfono celular. Colección increíble del tema paranormal.

Entrando en el viaje, desocupado de algún interés pero intrigado por la situación, nueva vida, expectativas nuevas, nuevo carácter, y significado, decidí comenzar.

Increíblemente ahí también se manifestó el Karma. Sin rastro, sin rostro. Las tres voces me habían seguido y las escuchaba tan cerca y tan claro como si me hablaran al oído. Incontables simbolismos aparecían en el proceso de mis 33 años, la edad de cristo llegó y estaba pasando mi afrenta.

La batalla seguía, las amenazas, la intimidación. El temor a fallar y que se volvieran ciertas. Siempre arriesgando.

El peligro más eminente en esa playa del karma, playa del caribe eran los propios hombres, no tanto el embrujo del cual había sido objeto. Me tenían en un estado físico y mental que ha ellos les convenía, nunca quebrante, siempre me divertí, es una buena vida porque depuraba los malos pensamientos y mis inquietudes, todo lo malo que había acumulado y me hacía sufrir lo tiraba por la borda como desprenderme de una gran armadura pesada. No del todo tranquilo porque siempre he querido progresar, mas no de esa forma, yo tenía algo más por que luchar.

La vida me daba otra oportunidad y regresaba a la casa de que os cuento, cuando por azares del destino yo me encontraba nuevamente en otro viaje, más preparado, más duro, las voces ya no insistían tanto, pero ahí se encontraban, arrumbadas como en un armario polvoso, más alejadas pero incisivas. Había ya aprendido a defenderme, de hecho, cuando pequeño escuché a alguien comentar que a los fantasmas se les habla con groserías, y esa fue una de mis armas más letales. Esos chocarreros no serían más que yo si ellos llevan una regla en su diálogo y no se les permite salir de ella, porque así suenan impositivos y crean esa sensación de frustración. Así los volcaba. Tenía más extensión de palabra. No se dan por vencidos, a cualquier lugar que iba ahí se encontraban, pero por más fantasmas que sean yo estoy seguro que se fatigan, también, se hartan y dan marcha atrás. Imagino cuelgan la sabana con la que se cubren. De a poco fui descifrando la forma en que las voces pudieran ser ciertas, preguntándome si lo que al principio pasó fue un golpe para marcar el camino futuro de cuando ellos no pudieran estar. A mi parecer a estas alturas de ésta historia habiendo regresado nuevamente a mi ciudad, esas voces, de los que hablan, voces del más allá, se encuentran muertas, ya no están, no existen, ni volverán a existir. Pero como espíritus el recuerdo queda y de en veces siento que están aquí, que me apresuran y descifran cada movimiento que hago, pero sé que nada vuelve de entre las cenizas, como predicaban. No digo que ese trastorno mental haya sido sanado pero lo sobrellevo, ya sé cómo envolverme y zafarme de su gancho, ahora sé cómo olvidarlos y resultar un ganador. Por las noches me hablan, les ignoro o los pongo en su lugar. Ya no me atormentan, se atormentan ellos mismos al saber que están encadenados a una persona que nunca se dará por vendida, en el infierno maldito se quemen sus almas mientras estén destinados a tratar de amargar mi vida. Si tuvieran cuerpo al verme presente harían reverencia y me darían las gracias por ayudarlos yo a ellos. Mal hicieron en aparecer y en permanecer, mal harán si existen aún y no deciden no marcharse.

Mi alma está limpia ya, sin ningún pecado, sin ninguna deuda. Ahora estoy tranquilo y camino con paz por la vida. No agradezco haber aprendido a ser mejor persona con ésta situación, si no agradezco el tiempo que me dio la vida para poder triunfar en ésta guerra espiritual.

 

 

 


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